Es un hecho que los docentes
deben tener unas competencias y habilidades adquiridas. Esto conlleva un gran
esfuerzo puesto que los maestros se tienen que implicar tanto cognitiva como emocionalmente.
En concreto me centraré en las competencias digitales que los docentes deben adquirir
para que puedan enseñar y que sus alumnos aprendan con y mediante estas nuevas
tecnologías. Estas competencias, junto con la constante formación del profesor
y el análisis de su propia práctica educativa y del proceso de
enseñanza-aprendizaje, forman parte del desarrollo profesional docente (DPD);
con el objetivo de optimizar los resultados de aprendizaje de los estudiantes.
Podemos reconocer diversas fases
en el proceso de adquisición de estas competencias digitales: la primera es la
adquisición en la de que se aprende un uso básico de la tecnología, la segunda
fase es la de adopción en la que los profesores usan los ordenadores para hacer
lo mismo que hacían sin estos aparatos; la tercera se conoce como la fase de
adaptación, donde ya se integra el ordenador aumentando su productividad; la cuarta
es la de apropiación en la que se es experimentan nuevas maneras de trabajar
didácticamente utilizando la tecnología y por último, la fase de innovación.
A su vez, encontramos dos
enfoques opuestos. Por una parte, tenemos la perspectiva cognitivista que se
fundamente en la metáfora del aprendizaje como adquisición de información y
considera que el conocimiento “reside” en la cabeza de los profesores. Por lo
tanto, se considera que el conocimiento lo debe transferir un “experto” mediante
cursos, talleres, etc. en el que los maestros pasarían a ser alumnos que
adquieren conocimientos y deben
utilizarlo en sus prácticas como docentes. Sin embargo y como dice
Wideman, es evidente que este método tradicional de formación del profesorado
es escasamente efectivo. Por el contrario, tenemos el enfoque socio-cultural del aprendizaje que
tiene como metáfora el “aprendizaje como participación” y considera el
conocimiento profesional, conocimiento en práctica, fundamentado en la
actividad profesional de una forma activa. Además no puede ser totalmente expresado,
sino creado por los docentes en el contexto de su propia práctica. Por lo que
el conocimiento no reside en la cabeza de los maestros ni lo enseña un experto,
sino que aprenden unos de otros y la resolución de conflictos se realiza de
manera conjunta. Esto junto con el trabajo, el diálogo y el intercambio de
ideas puede ayudar en el proceso de desarrollo.
Otro concepto que debe ser
mencionado es el PLE (Personal Learning Enviroment), es decir, el entorno
personal de aprendizaje. Como el mismo nombre indica es el entorno, el contexto
y las personas que forman parte del propio aprendizaje de cada individuo. Se
puede definir como el conjunto de herramienta, fuentes de información,
conexiones y actividades que cada persona utiliza para aprender. En este
proceso intervienen los procesos de leer, reflexionar y compartir, por lo tanto
un PLE requiere estrategias y habilidades de lectura, de reflexión y de
relación para interactuar con otras personas de las que aprendemos. La
tecnología y en especial, Internet tiene una gran importancia en el aprendizaje
de cada individuo. Ya sabemos que vivimos en una sociedad tecnológica de la
información y comunicación, por lo que mediante el ordenado y una gran cantidad
de páginas webs podemos leer, aprender, compartir experiencias y conocimiento a
través de blogs o wikis, por ejemplo, e interactuar con otras personas mediante redes sociales. Así podemos
encontrar “comunidades en práctica” (término acuñado por Wenger) que se refiere
a la comunidad que actúa como currículum vivo para el aprendiz, se puede
aprender además de intercambiar conocimientos a la vez que se puede aprender,
leer y da lugar a la reflexión.
Con todos estos avances, los
roles del profesorado han ido cambiando. Según Mercè Gisbert los nuevos roles de
los maestros son: consultor de información, colaborador en grupo, trabajador
solitario, facilitador del aprendizaje, desarrollador de cursos y materiales, y
supervisor académico. Por otra parte, Julio Cabrero se encarga de indicar las
capacidades del alumno que son los siguientes: análisis y síntesis, aplicar
conocimientos, resolución de problemas, capacidad de aprender, trabajar en
equipo, habilidades interpersonales, planificación y gestión del tiempo,
adaptarse a las nuevas situaciones, creatividad y conocimientos sobre el
área estudio. Como podemos observar, con el cambio de la sociedad
y los avances tecnológicos, en el ámbito educativo también se producen cambios.

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